jueves, 19 de enero de 2017

Palabras que bailan.


¿A dónde van los amores imposibles? 
Y, cuando un sueño se rompe, ¿se funden a negro todas las luces y los fuegos artificiales del alma?
Somos el que se mira en el espejo, pero no asimilamos que ese gemelo esquivo es distinto con cada una de las siluetas e ilusiones reflejadas.
El amor se queda preso en la memoria cuando falla. 
Sus cadenas recorren calles llenas de recuerdos disfrazándose de viejos fantasmas y  queremos correr tras su inmaterialidad cuando suena esa melodía con la que emanan las lágrimas.
Las rosas envenenadas se te adhieren como un puñal desgarrado.
No quieres afrontar que fue un sueño y la persona de quién te enamoraste ha cambiado en forma y contenido. 
Y esa chispa, la que quisiste negar en el prefacio de esta fracturada historia, realmente está agotada. No te conmueven ni los lazos que se crean entre dos manos despistadas, ni dos ojos que se miran, se entienden, se buscan entre las gradas. 
Es más sencillo, aunque en gran parte nocivo, creer que fuiste tú mismo quien no atinó encuadrando los planos del destino.
Qué pena, en la vida no vale cantar para que vuelvas a mi puerta y brillemos, juntos, aportándole luz a nuestras tinieblas.
Y te atormentas sin tregua, te repites: ¿dónde la vida comenzó a tomar un matiz sepia? 
El presente se convirtió en un anhelo de la vieja época.
Comprendes que hay historias que solo pueden funcionar cuando bailan entre las estrellas.

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