lunes, 20 de noviembre de 2017

La dama.

2/1/16
De forma curiosa y
por puro amor al arte,
un día te decides, coger
tus sueños, seguir adelante.
Primero, examinas el papel,
tomas lápiz y goma, tus amantes.
Luego ellas brillan,
comienzan a volar, las letras.
Fieles e intrépidas amigas,
conozcan a esta viajera
despechada y bailarina en el azar,
inspiración. Me mira expectante,
está a punto de saltar.
Equilibrista de los mares,
escapó del poderoso mago,
el que vestía billetes y diamantes.
Sin miedo permito que elija mi rumbo,
a su particular compás quiere navegar.
Es una dama, algo curiosa,
nunca se deja cazar, sabia hechicera.
Apaga la luz cuando se va,
Es luz y brillo y vela.
Vela por la bohemia ocasional
de unos pocos locos aquí cerca.
“¡Embustera!” le reprocharon algunos.
¿Cómo osas despreciable primate?
Ella es mujer de muchos bailes
pero solo llora por un hombre al acostarse,
-sibilino, cambiante, único-
ese es el señor Arte.




martes, 10 de octubre de 2017

Almas de algodón y corazones de hojalata.

2/1/17

Creo que las almas son de colores. 

Las que son de luz pueden nublarse pero nunca se rompen; las  de piedra sienten la lluvia y cada gota de tristeza las cubre con nuevas armaduras de musgo; las de metal se doblan sin importar quien las roce; y, hay otras hechas de algodón, suaves y perecederas, se enmarañan hasta formar una nueva tela con su vieja esencia.

Estas últimas parecen guardar solo ternura y amabilidad, como si nunca las hubiesen dañado pero con varias cicatrices vistas entre luces de pequeñas lámparas.

Las almas de algodón se empeñan en escoger únicamente a los corazones de acero y hojalata. Esos que parecen insensibles y tercos pero que esconden siluetas y sensaciones desdeñadas.

El algodón se quebró la primera vez que abusaron de su cariño. Destrozaron sus costuras para crear un ovillo de desamor. Sin embargo, no escogió la venganza, ni siquiera eligió el rencor. Empezó a tejer sus pedazos con estampado de heridas y mentira, no esperó a que primero cicatrizase su vida.

Comenzó por curar a los que no la convenían o al menos a intentar admirar la luz que desprendía su risa. Porque en toda maldad hay un halo de delicadeza  poco reconocida. Después, se dio cuenta de que las flores de la inocencia se secaban y las regó con ilusiones, nuevamente mal paradas.

Así que, si veis una mirada de niño en los ojos de un adulto, recordad que su herida aún desprende llamas pero ayudando sana ese alma de algodón aunque cubierta de hojalata.


Piezas sueltas.

No somos ni de quién nos quiere ni de quién nos daña. Somos del viento, el fuego y la rabia.
No entiendo a qué vienen tus palabras afiladas cuando dices que la vida impera y ni miras en mis lágrimas.
No te atreves a arriesgar por vivir de un ideal. Sale el niño de la chistera, la única magia fue esa sorpresa. 
Triste ser esa unidad, triste punto en este final, tristes días de mares llenos de sal.
Vete, no vuelvas, esta decisión no la tomaste con prudencia.
Vete, apaga mi vela, no puede aguantar este fuego tremenda tormenta.
Soy una casa de muñecas descolorida y rota, soy el desván que esconde facturas y aburridas notas, ¿por qué me siento tierra si solo traigo balsas rotas? ¿La vida enmienda o solo aplasta glorias? 
Soy el cencerro que se olvidó de su tónica. 
Vamos rompiéndonos pero solo encuentro piezas sueltas en mi persona.

jueves, 19 de enero de 2017

Palabras que bailan.


¿A dónde van los amores imposibles? 
Y, cuando un sueño se rompe, ¿se funden a negro todas las luces y los fuegos artificiales del alma?
Somos el que se mira en el espejo, pero no asimilamos que ese gemelo esquivo es distinto con cada una de las siluetas e ilusiones reflejadas.
El amor se queda preso en la memoria cuando falla. 
Sus cadenas recorren calles llenas de recuerdos disfrazándose de viejos fantasmas y  queremos correr tras su inmaterialidad cuando suena esa melodía con la que emanan las lágrimas.
Las rosas envenenadas se te adhieren como un puñal desgarrado.
No quieres afrontar que fue un sueño y la persona de quién te enamoraste ha cambiado en forma y contenido. 
Y esa chispa, la que quisiste negar en el prefacio de esta fracturada historia, realmente está agotada. No te conmueven ni los lazos que se crean entre dos manos despistadas, ni dos ojos que se miran, se entienden, se buscan entre las gradas. 
Es más sencillo, aunque en gran parte nocivo, creer que fuiste tú mismo quien no atinó encuadrando los planos del destino.
Qué pena, en la vida no vale cantar para que vuelvas a mi puerta y brillemos, juntos, aportándole luz a nuestras tinieblas.
Y te atormentas sin tregua, te repites: ¿dónde la vida comenzó a tomar un matiz sepia? 
El presente se convirtió en un anhelo de la vieja época.
Comprendes que hay historias que solo pueden funcionar cuando bailan entre las estrellas.

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