Abramos nuevos capítulos, nuevos libros, nuevas bibliotecas. Una vez me dijeron la cita latina: "La fortuna la alcanzan los valientes." así que vamos a guardar las armas y dejar que nos inunde la luz. Comienzo este proyecto de la mano del gran Pedro Salinas y su poesía (v. 644-645, Poema 17, La voz a ti debida, Salinas.). Cualquier palabra será tomada como un atisbo de crítica constructiva. Que lo disfruten, amigos.
lunes, 20 de noviembre de 2017
La dama.
martes, 10 de octubre de 2017
Almas de algodón y corazones de hojalata.
2/1/17
Creo que las almas son de colores.
Las que son de luz pueden nublarse pero nunca se rompen; las de piedra sienten la lluvia y cada gota de tristeza las cubre con nuevas armaduras de musgo; las de metal se doblan sin importar quien las roce; y, hay otras hechas de algodón, suaves y perecederas, se enmarañan hasta formar una nueva tela con su vieja esencia.
Estas últimas parecen guardar solo ternura y amabilidad, como si nunca las hubiesen dañado pero con varias cicatrices vistas entre luces de pequeñas lámparas.
Las almas de algodón se empeñan en escoger únicamente a los corazones de acero y hojalata. Esos que parecen insensibles y tercos pero que esconden siluetas y sensaciones desdeñadas.
El algodón se quebró la primera vez que abusaron de su cariño. Destrozaron sus costuras para crear un ovillo de desamor. Sin embargo, no escogió la venganza, ni siquiera eligió el rencor. Empezó a tejer sus pedazos con estampado de heridas y mentira, no esperó a que primero cicatrizase su vida.
Comenzó por curar a los que no la convenían o al menos a intentar admirar la luz que desprendía su risa. Porque en toda maldad hay un halo de delicadeza poco reconocida. Después, se dio cuenta de que las flores de la inocencia se secaban y las regó con ilusiones, nuevamente mal paradas.
Así que, si veis una mirada de niño en los ojos de un adulto, recordad que su herida aún desprende llamas pero ayudando sana ese alma de algodón aunque cubierta de hojalata.
Piezas sueltas.
No somos ni de quién nos quiere ni de quién nos daña. Somos del viento, el fuego y la rabia.
No entiendo a qué vienen tus palabras afiladas cuando dices que la vida impera y ni miras en mis lágrimas.
No te atreves a arriesgar por vivir de un ideal. Sale el niño de la chistera, la única magia fue esa sorpresa.
Triste ser esa unidad, triste punto en este final, tristes días de mares llenos de sal.
Vete, no vuelvas, esta decisión no la tomaste con prudencia.
Vete, apaga mi vela, no puede aguantar este fuego tremenda tormenta.
Soy una casa de muñecas descolorida y rota, soy el desván que esconde facturas y aburridas notas, ¿por qué me siento tierra si solo traigo balsas rotas? ¿La vida enmienda o solo aplasta glorias?
Soy el cencerro que se olvidó de su tónica.
Vamos rompiéndonos pero solo encuentro piezas sueltas en mi persona.
jueves, 19 de enero de 2017
Palabras que bailan.
