No somos ni de quién nos quiere ni de quién nos daña. Somos del viento, el fuego y la rabia.
No entiendo a qué vienen tus palabras afiladas cuando dices que la vida impera y ni miras en mis lágrimas.
No te atreves a arriesgar por vivir de un ideal. Sale el niño de la chistera, la única magia fue esa sorpresa.
Triste ser esa unidad, triste punto en este final, tristes días de mares llenos de sal.
Vete, no vuelvas, esta decisión no la tomaste con prudencia.
Vete, apaga mi vela, no puede aguantar este fuego tremenda tormenta.
Soy una casa de muñecas descolorida y rota, soy el desván que esconde facturas y aburridas notas, ¿por qué me siento tierra si solo traigo balsas rotas? ¿La vida enmienda o solo aplasta glorias?
Soy el cencerro que se olvidó de su tónica.
Vamos rompiéndonos pero solo encuentro piezas sueltas en mi persona.
Abramos nuevos capítulos, nuevos libros, nuevas bibliotecas. Una vez me dijeron la cita latina: "La fortuna la alcanzan los valientes." así que vamos a guardar las armas y dejar que nos inunde la luz. Comienzo este proyecto de la mano del gran Pedro Salinas y su poesía (v. 644-645, Poema 17, La voz a ti debida, Salinas.). Cualquier palabra será tomada como un atisbo de crítica constructiva. Que lo disfruten, amigos.
martes, 10 de octubre de 2017
Piezas sueltas.
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