domingo, 7 de enero de 2018

Espejismo errante.

17/11/17
Busco tu gesto en la faz de cualquier desconocido y reniego de esa amarga derrota porque creo que al mirarnos se van a derribar muros, se secarán los océanos y se iluminará la cara oculta de la noche.
Reviso tu genio y figura en el espejismo certero a cada ocasión. Hallo similitudes entre una columna y una vara. Creí, siendo tú símbolo de herejía, y ahora estoy cumpliendo penitencia por ser tan confiada.
Atribuyendo ilusiones a tu expresión, voz o risa entablé un contrato envenenado. Y, como el hombre que trajinó con el demonio, estoy en medio de un infierno temblando.
No tengo en mis adentros cristales, pero el pasado resuena con eco, como en una tarde de lluvia los truenos preceden a los relámpagos.
Dulcemente hiciste conmigo un despojo, tinieblas de lo perdido, medias tintas, minúsculos sueños rotos.

El devoto susurra su letanía monótona y descolorida por eso perduro en la creencia de buscarte en cada rincón, de tornar mis ahoras en ciudades de lujuria derruidas y le pido a la vida un milagro que solo se proclama haciendo voto de redención y diciendo adiós a tus oraciones heridas. 

II
24/11/17
Salgo a la calle con la certeza de que no vas a ser tú y, en cierto modo, para mí eso es una garantía. No te quedarás mirando cómo corro para atrapar un tren que se escapa, ni te reirás cuando eso despierte un gesto mohíno en mi cara. Mientras, en la otra orilla, continuarás buscando cebos para tu caza y mentirás, de nuevo, a una nueva cifra en tu balanza. Romperé estas grietas, bajaré de las ideas a tu puerta para susurrarte cuánto me equivocaba.
Entre la luz de la mañana y las balas; entre la imaginación y las duras ventiscas movidas por una nostalgia decolorada. Cubriendo cada herida para simbolizar fuerza y templanza, cosiendo los pedazos, bailando para aliviar las ganas.

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