Me he guardado un sol de invierno. Por si vuelves e irradias un calor deshecho con el dolor de los días en los que te abate el viento. He guardado esa luz en mi pecho, esa que intenta ocultar como cosí los pedazos cuando decidiste alzarte hacia el anhelo. Y me he fugado pero no había caminos por donde componer nuevos desenfrenos. En invierno el frío nos consume como un veneno, por eso; me acuerdo de lo que era arder en sentimientos y querer cambiarte sin el más mínimo derecho.
Me ruge un miedo con un fracaso pleno. No entonar que no seremos, no esperar que se hilvanen los sueños, no ni nunca, no, por necios.
Y, ¿quién teje los nudos que no ceden ni con nuevos deseos? ¿Quién me trae las flores cuando las calles portan un semblante de hielo?
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